EL CINE DE ROMANOS DE HOLLYWOOD

EL CINE DE ROMANOS DE HOLLYWOOD

 

Críticas y fichas técnicas

 

            El peplum hollywoodiense fue siempre sinónimo de gran espectáculo. Heredado directamente de las producciones históricas que a lo largo de la primera mitad de siglo reinaban en las pantallas italianas, el “cine de romanos” americano triunfó durante toda la década de los 50 y, a un menor nivel, durante los años 60.            

            Como fuente de inspiración de todas estas colosales películas tenemos las denominadas “Toga plays”, dramas ambientados en la Roma antigua que hacían furor en los escenarios de finales del siglo pasado; la denominación, no hace falta ser muy perspicaz para advertirlo, le venía de la toga que lucían los actores para autentificar sus peripecias. Éstos toga plays eran a su vez adaptaciones de éxitos literarios, algo que en Estados Unidos siempre ha tenido notable éxito. 

            El más famoso de los toga plays fue, sin duda, el montaje de 1899 basado en la popular “Ben-Hur” del general Lew Wallace. Fue precisamente en esta adaptación que se basó el primer “Ben-Hur” cinematográfico, rodado en 1907 y que puede considerarse como la primera aportación norteamericana al cine de romanos.  

            Con la llegada del sonoro, el Mundo Antiguo desaparece de las pantallas durante bastantes años. Hay excepciones como “El signo de la cruz” y  Cleopatra” (1934), ambas de Cecil B. DeMille. El cine hablado impone un mayor naturalismo, y parece que la idea de oír hablar a giegos o romanos con la voz y ademanes de James Cagney o Gary Cooper les parecía a los productores muy poco seria.  

            Durante un período de 20 años el cine de romanos queda eclipsado incluyendo los fatídicos años de la Segunda Guerra Mundial, donde los países contendientes se centran en productos propagandísticos o de simple entretenimiento. Aparte de la europea “Fabiola”, resultará más significativa por ser una producción de la Metro-Goldwyn-Mayer y también rodada en Cinecittà, el primer “Quo Vadis” sonoro y en color (1951).   

            En Hollywood partiran de productos aislados pero de elevado presupuesto y con grandes expectativas en taquilla: hay que recordar que en los años cincuenta las grandes productoras están obsesionadas con la competencia cada vez más dañina que les hace un pequeño rival pero incordiante, la televisión, y en su búsqueda de nuevas fórmulas para neutralizar al anemigo empiezan por la más redundante: aumentar el tamaño de las pantallas. El CinemaScope se inaugura oficialmente en 1953 y precisamente con una película de romanos y cristianos “La túnica sagrada” de la 20th Century-Fox.  

A partir de estos títulos, Hollywood vivirá su época dorada en cuanto a cine histórico se refiere y, en especial, a ese cine “sword & sandal” que maravillaba a todos los espectadores. Gran parte de culpa la tienen esas superproducciones bíblicas que tan bien representaban los más importantes pasajes de las Sagradas Escrituras. Películas como “Rey de Reyes”, “La historia más grande jamás contada”, “Jesús de Nazaret”, etc., ofrecían de manera muy fidedigna el ambiente y las costumbres propias de la época.  

El gran “cine de romanos” equivalía, ante todo, a gran espectáculo. Esto requería de una gran producción a las espaldas. De ahí que los mejores productores contrataran a directores de gran talla capaces de reunir todas las cualidades para hacer frente a tan magnos proyectos: William Wyler, Anthony Mann, Stanley Kubrick, Nicholas Ray... 

            Como dato anecdótico, sería injusto no señalar el gran fiasco protagonizado por una película como “Cleopatra” (1963) si bien durante la última década ha sido redescubierta para bien, durante décadas ha arrastrado el título de “película maldita” pues supuso la ruina de su productora, la Fox. Este hecho propició el que se tuviera menos confianza hacia estas superproducciones y ya en el año 1964 nos encontramos con el considerado “canto del cisne” del cine de romanos: “La caída del Imperio Romano”, donde el gran Anthony Mann nos mostró una decadente Roma como nadie lo había hecho.  

            Si bien este título ya presagiaba el fin del género desde su título, la temática siguió viva en pequeñas producciones estrenadas a duras penas en las pantallas hasta refugiarse en la televisión donde teleseries como “Yo, Claudio” obtuvieron reconocimiento mundial. Aún así, el cine de romanos de Hollywood sigue en la mente de todos los cinéfilos, atendiendo a las cifras cuantiosas que proporcionan los pases de estas películas por televisión. De algún modo, el cine es sinónimo de evasión, y qué mejor que con estas maravillosas películas donde drama, épica e historia, combinan a la perfección resultando productos de acción y aventura de primerísimo orden.   

 

Pincha en cada foto para acceder a su magnífica crítica y su ficha técnica.

 

 

La túnica sagrada

Arriba