CLEOPATRA

CLEOPATRA

 

            "Cleopatra" se estrenó en 1963. Pero, para entonces, la nueva película histórica tenía ya una larga historia. El rodaje había comenzado en Inglaterra en octubre de 1960 y desde un principio costó mil y un sinsabores. Desde un temprano cambio de director a la enfermedad de su estrella principal, Elizabeth Taylor. Tras perder la productora cinco millones de dólares de entonces, encomendar la dirección a Mankiewicz y renegociarse con la Taylor un nuevo contrato de un millón, el rodaje se reanudó al año siguiente en los gigantescos estudios de Cinecittá, en Roma. Ante todo ello la casa productora, la 20th Century Fox, buscó la salvación en la creación de una enorme expectación sobre la película, dando a la publicidad mil y un detalle sobre el rodaje y sus interioridades, hasta el posible adulterio de sus protagonistas y la progresiva identificación entre una estrella y una reina legendarias. 

            De este modo en el momento de su estreno el Motion  Picture Herald del 26 de junio de 1963 podía afirmar con razón: «nunca antes en la historia del cine, tal vez, una película  se ha presentado al público con un mayor grado de expectación que "Cleopatra"». La pretendida identificación entre la nueva diva de Hollywood y la otrora poderosa, extravagante, incestuosa y adúltera reina egipcia, reflejaba una modernidad inquietante, en la que el rol de la mujer se separaba del de la sumisa esposa y ama de casa. Si en la historia y en la película la interesada y liberada Cleopatra rompía el hasta entonces ejemplar matrimonio entre Marco Antonio y Octavia, la honesta y abnegada digna hermana de Octavio, poco antes del rodaje la Taylor ya había alcanzado una escabrosa notoriedad por aparecer como la causa de la ruptura del matrimonio entre Eddie  Fisher y Debbie Reynolds, una estrella que se había presentado siempre como la imagen ideal de perfecta joven esposa  americana. De forma que nada extraña que el ejemplar del Osservatore vaticano del 12 de abril de 1962 publicara una  carta abierta en la que Liz Taylor era atacada por su supuesta mofa de la santidad del matrimonio y su lascivia. Y en ese ambiente el productor Walter Wanger pudo ver en el aplauso de los más de 7.000 extras romanos que contemplaron la triunfal entrada de Cleopatra-Taylor en el foro romano no sólo una aceptación por mor del guión de la reina de Egipto por los romanos de antaño sino también de la misma licenciosa estrella americana por los de hogaño De esta manera la conducta durante la filmación de Liz Taylor y su célebre incapacidad para distanciarse de su papel de Cleopatra venían así a presentar ante el público a la antigua reina como un exponente de la inquietante nueva mujer americana que anunciaban las famosas encuestas de Kinsey de 1948 y 1953 sobre la conducta sexual de los americanos. Todo lo cual en cierta medida no significaba sino un fracaso rotundo de los objetivos personales perseguidos por el propio Mankiewicz al realizar su película. Pues éste ciertamente había querido hacer una lectura moderna de la histórica Cleopatra, pero no prestando su atención principal a la famosa leyenda sexual de la reina sino al pretendido gran diseño político de crear un gran imperio universal, en el que se respetaran las idiosincracias de las viejas naciones del Oriente bajo un común, liberal y tolerante helenismo. De tal forma que la historia de Cleopatra viniera a ser algo así como una prefiguración del nuevo orden mundial propagado por los voceros del Kennedismo y de las Naciones Unidas bajo el mandato de un Secretario General, U. That, del Tercer Mundo. 

            El star-system y el propio temperamento de la Taylor ciertamente ocultaron las nobles pretensiones del director. Cosa a la que también contribuyó la misma situación en la que se encontraba la industria cinematográfica cuando se rodó la película. En efecto, a principios de los sesenta ver una película comenzaba ya a no constituir la principal opción de diversión la tarde del sábado o del domingo, y especialmente en los EE.UU. la TV comenzaba ya a ser un peligroso contrincante. En esas circunstancias una vuelta a los orígenes, proyectando costosas producciones de tipo histórico con apabullantes decorados de estudio, pareció a más de un egregio representante de la industria de Hollywood una buena salida. La fórmula parecía efectiva si se recuerda que en 1959 "Ben-Hur" supuso un grandísimo éxito comercial para la Metro. Ahora la Fox apostaba a lo mismo con su nueva "Cleopatra". A este respecto no se debe olvidar que la dramática historia de los amores de la reina egipcia con César y Marco Antonio no constituía una novedad en la todavía breve historia del cinematógrafo. El primer intento de llevar al nuevo arte la vieja historia habría tenido lugar en 1908 con el "Antony and Cleopatra" de la norteamericana Vitagraph Company; film mudo, seguido en 1913 por el italiano de Enrico Guazzoni titulado "Marcantonio e Cleopatra". Este último trató de recrear el muy conocido drama de Shakespeare, que tenía sus raíces documentales en la novelada y moralizante biografía de Marco Antonio por Plutarco. Por su parte Guazzoni trató de contar la vieja historia en el contexto de la gran expansión y conquista del Mediterráneo por Roma, intentanto impactar al espectador con la presentación del exótico y majestuoso escenario egipcio. Sin duda una película de exultante nacionalismo italiano que, sin embargo, obtuvo un enorme éxito de público allí donde se representó, que fue en las incipientes salas de cinematógrafo de los cinco continentes. La verdad es que la historia lo tenía todo para su éxito: erotismo, belleza femenina, intriga, grandiosidad histórica y exotismo tópico.