GLADIATOR

GLADIATOR

 

 

            Han pasado cuatro décadas desde que las carreras de carros y las espadas invadieron todas las pantallas de cine con dramas épicos de un lejano pasado. Desde "Ben Hur"en 1959 y "Espartaco" en 1960, no habíamos vuelto a tener la oportunidad de deleitarnos con las aventuras del antiguo imperio romano. Ahora, en el 2000, es Ridley Scott quien nos trae de nuevo las gloriosas batallas de los coliseos romanos en una amplia historia que nos habla del coraje y de la venganza.

            Con "Gladiator", Ridley Scott ha conseguido devolvernos un género ya olvidado en el baúl de los recuerdos con una puesta en escena impresionante, unos efectos especiales impactantes y un elenco de actores de primera línea. Además el argumento de la historia no pierde el interés en ningún momento y la película consigue mantenernos en vilo durante dos horas y media, que aún así llegan a hacerse cortas.

            Desde Russell Crowe que interpreta magníficamente a Maximus, un general cuyo destino le tiene guardado más sorpresas que la vida misma, a un atrevido Joaquin Phoenix, el emperador que usurpa a todos cuanto rodea.

            Un detallado conocimiento de la época y sus costumbres, como el incesto, el servilismo, por no decir ciertas inclinaciones homosexuales, acrecienta el valor de la película que se apoya en unas puestas en escenas realmente mágicas. Todo esto, claro está, aderezado con un vestuario y una banda sonora que traslada al espectador a la época sin ningún esfuerzo.

        Más difícil resulta el final entre el bueno y el malo, entre el gladiador convertido en héroe y el emperador despreciable. Un mano a mano complicado de acertar sin pecar de simplicidad y vulgaridad que Ridley Scott resuelve sin tropiezos.

        En definitiva, Ridley Scott nos ofrece con "Gladiator"una obra maestra del séptimo arte.