QUO VADIS

QUO VADIS

 

 

            Hasta que los cristianos no fueron reconocidos oficialmente por el emperador Constantino I el Grande con el Edicto de Milán en el año 313, sus cultos y creencias tenían que ser practicadas secretamente ante el temor de ser perseguidos y condenados a muerte, uno de sus más famosos perseguidores fue el cruel Nerón, un personaje y un momento de la historia que aparece recogido en el libro de Henryk Sienkiewicz llevado a la pantalla grande con su habitual despliegue de medios por la Metro Goldwyn Mayer.

            Película llena de color, dirigida por el eficaz Mervyn Leroy, simultanea momentos magníficos (casi todas las escenas en las que aparece Peter Ustinov, la entrada de un victorioso Robert Taylor en Roma después de tres años de exitosas batallas, lo bien contadas que están las secuencias en el circo romano, en especial la de la lucha entre el toro y Ursus, algunos planos de reminiscencias pictóricas) con otros menos afortunados un tanto acartonados. El poder y sus caprichos, la esclavitud y la libertad y buenas dosis de romanticismo sirven para mostrar los primeros y firmes pasos del cristianismo, que en los tiempos del pirómano Nerón (año 64) estaban percibidos como una secta peligrosa, sirviendo sus fieles componentes como banquete para hambrientos y feroces leones ante las miradas extasiadas de la agitada muchedumbre romana.

            Lo mejor de todo el film, además de la dirección artística y la música de Miklos Rozsa son las actuaciones de Leo Genn como consejero y crítico del emperador, el escritor Petronio y sobre todo, el trabajo del extraordinario Peter Ustinov, interpretando, mejor dicho, parodiando (hasta le hace parecer simpático) la figura del orondo e inclemente Nerón.